Cuando se decide colocar una ortodoncia es para distribuir los dientes de manera que no produzcan ningún problema al paciente y se vea una sonrisa estéticamente bonita, pero siempre van a tender a volver al lugar donde estaban, lo que oficialmente se conoce como recidiva. Es por este motivo que tras la ortodoncia siempre se suele comenzar un tratamiento con un retenedor que impida al diente volver a moverse y conseguir así una estabilidad a largo plazo.

Existen dos tipos de retenedores: fijos y removibles.

Los retenedores fijos ofrecen una retención permanente sin que el paciente tenga que preocuparse de nada o acordarse de ponerlo, quitarlo o lavarlo. Además, no se ven ni interfieren en el habla, por lo que a nivel estético son una gran alternativa. Sin embargo, requieren una higiene bucal mucho mayor y si se despegan puede reducir su efectividad y hay que acudir al dentista. Consisten en una barra metálica que se coloca en la cara anterior del diente que se fija con un pegamento especial.

Dentro de los retenedores removibles tenemos varias opciones:

  • Retenedor Hawley: están formados por un alambre en forma de arco que se coloca por la parte frontal de los dientes y una parte de resina rígida que cubre el paladar.
  • Retenedor Essix o Férula: se trata de una especie de funda de plástico muy fino que cubre toda la fila de dientes y se adapta a la rgonomía de los mismos.

El periodo de duración de los retenedores removibles suele ser de tres meses con ellos puestos las 24 horas del día, y después únicamente para dormir.

Esperamos que este post te haya servido y recuerda, si quieres mantener tu sonrisa bien alineada usa un retenedor para dormir siempre. De este modo la conservarás toda la vida.

 

Retenedores. El paso tras la ortodoncia.
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