Gracias a las papilas gustativas, de las que hablamos en el último post, percibimos los sabores de los alimentos. Estos órganos generan un impulso nervioso que llega al cerebro transformándolo en una sensación: el sabor. La intensidad de un sabor está relacionada con la frecuencia con la que se repiten los impulsos nerviosos que se envían a la corteza cerebral.

Asimismo y como ya sabréis, existen 4 tipos de sabores:

  • Dulce: indica la presencia de azúcares en el alimento. Se  percibe en la punta de la lengua y genera una sensación de placer.
  • Amargo: se trata de una percepción que se cree es diferenciada por nuestro cuerpo por instinto de supervivencia. Esto es así puesto que se asocia a venenos o alimentos en mal estado.
  • Salado: la sal es un potenciador del sabor por lo que una alta concentración puede producir desagrado.
  • Ácido: se asocia al sabor amargo ya que provoca también en nuestro cuerpo una sensación de alerta al estar asociado a sustancias perjudiciales para el cuerpo.

*fuente de la imagen: mejorconsalud

Seguro que todos estos los conocías, pero te vamos a contar más, existen otros tres tipos de sabores:

  • Umami: viene de un vocablo japonés que significa “sabor agradable, sabroso”. Es de regusto prolongado y complicado de describir, produce salivación y estimula la garganta y el paladar. Proviene de alimentos del tipo: jamón  serrano, anchoas, salsa de soja… seguro que ya sabes de qué sabor estamos hablando.
  • Oleogustus: es el sabor que evocan los ácidos grasos, que producen una sensación que finalmente ha acabado catalogándose como un nuevo sabor.
  • Picante: también puede incluirse como uno de los sabores principales de los alimentos. Produce como y a todos sabemos una sensación de ardor, y se cree que puede ser percibido por otro tipo de receptores que detectan la temperatura y envían al cerebro mensajes de dolor.
Todo sobre los sabores
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